QUIENES SOMOS

 

 

               Un pequeño grupo, que inició su comunión de vida en la fe en 1977, alrededor del doctor Hernán Vergara Delgado (1910-
1999), pensador católico  y psiquiatra, fue llamado por el Obispo Salesiano Jesús María Coronado, Comunidad Humanae Vitae.  Nos habíamos reunido con el doctor Vergara, su esposa doña María Carulla, pionera del trabajo social en Colombia, Elisa Mujica, escritora, conversa del marxismo, cuatro profesionales jóvenes, Amparo González M., abogada, Luisa Victoria Jaramillo E.,bacterióloga, Catalina Vergara C., filósofa, Fernando Lopera L., economista, y el sacerdote antioqueño Padre  Guillermo Lopera L., con el propósito de vivir en comunión. El amor mutuo según el Mandamiento Nuevo del Señor, sería nuestro sustento diario, reflejado en el ser  “prójimos” para el otro en necesidad.

Nos diferenciaríamos del Estado en nuestra razón de ser, no para desconocerlo sino para ser congruentes y confiables como creyentes, excluyendo las relaciones de poder entre nosotros y basados en el ordenamiento que produce el Espíritu. Defenderíamos la vida como un absoluto en todos los aspectos, y dedicaríamos nuestro tiempo a la oración, a la reflexión continua sobre el lugar que la Iglesia está llamada a ocupar y su historia  y a la lectura de autores que enriquecieran nuestros criterios.  Finalmente,  la producción agrícola supliría la necesidad de atender nuestras necesidades.

 

Iniciamos nuestra vida en el campo, en una granja cuya producción principal se basaba en la frutas.  Hoy vivimos en la Clínica Psiquiátrica Santo Tomás, fundada por el doctor Vergara, en cuatro granjas campesinas, en una casa de paso en Bogotá, y en el que hemos llamado Centro de Documentación,, que conserva y difunde la obra del doctor Vergara.

 

 Desde el principio, hicimos una opción de fidelidad a la Iglesia Católica, buscando siempre el vínculo con los obispos en los lugares en los que vivimos, y la cercanía y el compartir con los sacerdotes, para ser no un grupo de laicos sino  una verdadera comunidad de fe, como las de los primeros cristianos.   El espíritu de nuestros propósitos nos ha llevado a compartir la vida con campesinos, personas con problemas de salud mental, niños, jóvenes, que han caído en distintas adicciones y personas pertenecientes a diversos grupos en necesidad, como los desplazados de sus tierras y viviendas, en regiones tomadas por el conflicto.