El Padre Bogdan y la Iglesia de los Nuevos Tiempos

Finca  La  Candelaria, 25  de  enero  de  2013

Tántas cosas buenas que dijimos del Padre Bogdan aquellos dos días y noches del 14 y 15 de diciembre, y en sus exequias el domingo 16 de diciembre, todo lo bueno que de él expresamos, se lo habíamos dicho en vida a él, por lo menos el día de su cumpleaños el 02 de noviembre anterior, en una estremecedora Eucaristía que le habíamos regalado con el Padre Fredy, salesiano.

El Padre Bogdan escuchó  sobrecogido aquellos testimonios; su cabeza inclinada, recogido… sollozaba. “Soy feliz” fue su respuesta y confidencia esa noche.PadreBogdan

El momento había sido íntimo, coloquial, entrañable. Era, para esa pequeña comunidad de creyentes participantes habituales de la iglesia, una manifestación humilde de lo que es el Cielo o lo que será nuestra Resurrección: “Nuestra vida está escondida en Cristo”

Pero cayó el precioso fruto, maduro, rico y nutritivo para la vida espiritual y material de tántos en estos largos años de su vida misionera en el Ariari. Y he aquí que se despertó una fuente, un surtidor vigoroso de testimonios de toda clase de personas de toda edad, sexo, condición social y credos religiosos diferentes. Campesinos, cultivadores, trabajadores, motoristas, comerciantes, amas de casa, artesanos, agricultores, desplazados, niños, jóvenes, ancianos, estudiantes, maestros… Todos coincidiendo en el llanto y el dolor, pero cada uno tenía algo que contar de su vínculo con el padre Bogdan, donde quedaba retratado: un papá, un amigo, un guía, un semejante por el trabajo, un espíritu alegre, un sufriente con mi dolor, un efectivo en la ayuda, un alerta presto a escuchar o atender mi necesidad, un humilde y, por esto último y  su opción de amar a los pobres, un hombre libre.

Se había  tomado en serio el Evangelio al situar lo económico en lugar adecuado: la “añadidura”.

Sus urgencias, la salvación eterna de sus fieles y las necesidades de los más pobres.

 

Su sufrimiento: pensar que alguno de nosotros, o los jóvenes a quienes él amaba como salesiano, que alguno muriera sin estar en Gracia de Dios.

Pienso que es una responsabilidad grave la que nos queda sobre todo a los cristianos creyentes. Nosotros como tales, como creyentes, hemos escuchado que Dios se manifiesta por los signos de los tiempos, y por sus siervos, por medio de los cuales nos ha entregado su Amor.

No tenemos excusa para perder la esperanza. La nueva Iglesia,  la  Iglesia  comunional,  Pueblo de Dios, la Iglesia de iglesias locales, de comunidades vivas, evangelizadas, comunicadas entrañablemente, y al alcance de sus miembros fieles… esa Iglesia Nueva que inspiró a Juan XXIII cuando convocó hace 50 años el Concilio Vaticano II, esa iglesia de verdaderas fraternidades donde el mutuo cuidado es responsabilidad de todos y cada uno de los creyentes… Esa Iglesia se vislumbró entre nosotros en los testimonios, que cada uno expresó del vínculo y la amistad con el Padre Bogdan, antes y después de su tránsito al Padre Dios. Resplandeció, incluso,  como realidad y esperanza cierta, en el testimonio de nuestro Obispo con sus palabras el día de las exequias, acerca del vínculo comunional existente entre el Obispo y el Padre Bogdan, revelado en la confesión mutua que hicieran el día del retiro preparatorio para la Navidad, el 11 de diciembre, realizado tres días antes de su partida.

Muy Amado Padre de Nuestro Señor Jesucristo y Padre Nuestro: Toma el precioso fruto de la vida del Padre Bogdan y a nosotros danos la fidelidad para que la semilla que el dejó en cada uno de quienes así lo conocimos, dé muchos frutos. Danos la conversión necesaria.. Túmbanos también como a Pablo, pero por favor, dale fecundidad a esta semilla para tu Gloria y tu Iglesia.

 

Fernando Lopera

Proyecto  Tierra para la Vida de las comunidades Humanæ Vitæ                     tierraparalavida@gmail.com