Revista TESTIMONIO # 75

1. POSICIONES

Posiciones

Para esta emisión de la Revista Testimonio, hemos escogido un tema al que hoy la Iglesia Católica le dedica gran parte de su tiempo. Se trata de repensar la evangelización en el mundo, necesidad mencionada ya desde el Concilio Vaticano II.

El papa Benedicto XVI ha convocado, para octubre próximo, el Sínodo de Obispos que dará comienzo al Año de la Fe. Al Sínodo llegará el resultado del trabajo que se realice en las diferentes Diócesis del mundo con participación de todos los fieles, como aporte que ilumine a sus participantes, para renovar y actualizar la evangelización a la luz de los dramas y las necesidades de hoy.

El Papa registra una "profunda crisis de fe"1, visto por sus lectores como proceso de marginación de la vida cristiana, que en consecuencia tiende a reducir el cristianismo a la vida privada. En realidad, razones válidas y a la vista de todos ha tenido el Papa para reconocer públicamente esta crisis y buscar caminos para "volver a proponer a todos el don de la fe en Cristo resucitado."2

El arzobispo de Bogotá, Monseñor Rubén Salazar, ha concretado este propósito convocando a toda la Arquidiócesis de la ciudad de Bogotá, a "discernir y construir juntos", el llamado Plan de Evangelización.

El documento Número 1, de dicho Plan, titulado Convocación, nos presenta los trazos esenciales del proyecto, desde su concepción hasta sus planes a futuro. Uno de los puntos principales que visualiza en su análisis de la realidad, está expresado en decir que, "nuestros esfuerzos se encaminan, más que a tener un documento final, a vivir un verdadero proceso de conversión pastoral, personal y comunitario" (Subrayado nuestro). Éste último elemento, a mi modo de ver, es el eje clave del buen resultado de este propósito.

La presencia del Espíritu en plenitud se vuelve real cuando puede vivir en una comunidad que se ama en nombre de Cristo crucificado y resucitado, como desde sus entrañas nos lo dijo San Pablo. Los cristianos hemos de constituir comunidades reales, donde se comparte la vida donde no hay pastor sin fieles ni fieles sin pastor, y donde la comunión trasciende las diferencias que la Iglesia ha vivido por siglos entre consagrados y simples fieles, que son perjudiciales tanto para unos como para otros, y que nada tienen que ver con la vida en comunión que compartió el Señor con sus discípulos, o con el amor y pertenecimiento mutuo que encontramos en las comunidades de San Pablo y San Ignacio de Antioquía.

El documento "Convocación", busca a su vez, ser un aporte "al bien común social y eclesial." Aunque esta frase pareciera un lugar común o de muy obvia aceptación, creo que ante la realidad que atraviesa la Iglesia, está en primer lugar el que ella resuelva sus necesidades al interior de sí misma. Todas las alertas son pocas ante lo que se entiende por "bien común", que no es precisamente lo que los católicos podemos aportar, como por ejemplo, matrimonios fieles e indisolubles aun en las dificultades, respeto irrestricto a cualquier vida concebida, una vida sexual sana no manipulada.

Seamos fieles en fortalecer la identidad de la Iglesia, que los frutos vendrán por añadidura. Si la luz está encendida irradia para todos, no dejemos que se apague. Surgen cada día nuevas comunidades y personas con ansias de encontrar a Dios pero la perseverancia no se da sino cuando se superan las dificultades en el fortalecimiento concreto de vínculos en la fe y en el amor, que permiten la circulación del Espíritu y de la Gracia.
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Una luz nos la da el Arzobispo de Bogotá, al enviar la colecta de la Comunicación Cristiana de Bienes, recogida en la Diócesis de Bogotá en la Semana Santa que acaba de pasar, a la Diócesis de San José del Guaviare, como señal de presencia y comunión en tierras impregnadas de los problemas que agobian al país, y que son reflejados en la ciudad con las innumerables familias que han venido del campo huyendo de la guerra y del desamparo, es decir un campo gravemente afectado. La comunión de bienes que realizó Monseñor Salazar en este acto, nos evoca las palabras de Dom Helder Cámara, quien aseguraba que ante el crecimiento de grupos, y pequeñas o grandes comunidades de creyentes, llegaría el momento en el que el Espíritu, que las había suscitado, se encargaría de unirlas y comunicarlas entre sí produciendo un poder de cambio irresistible.

Nuestra Comunidad Humanae Vitae a la que pertenezco, desde su experiencia de evangelización en el campo, sustentada en la Antropología Bíblica, encuentra en él fuente inmejorable de crecimiento y oxígeno vital para nuestra vida espiritual.
La Iglesia, que es una, vincula la ciudad al campo, esperando que los creyentes no tengamos que recibir el reproche de Jesús a Jerusalén: "Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados. Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como una gallina reúne a sus pollos bajo sus alas, y no habéis querido!" (Mt 23, 37).
Concluyo, diciendo que, la tarea fundamental de todo creyente, es producir en la vida concreta y diaria pequeñas comunidades al alcance de los sufrimientos y alegrías de todos, nutridas, acompañadas y fortalecidas por un pastor, quien a su vez, se acompaña y se alimenta de su comunidad.
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Notas:
1
Benedicto XVI, Discurso a Asamblea Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
enero 27, 2012.
2
Ibid

AMPARO GONZÁLEZ MARTÍNEZ